miércoles, 9 de junio de 2010

Donde habitan los lobos


Siempre que uno emprende un viaje lo hace con la esperanza de dar un paso hacia delante, de mejorar su situación. Con ese ímpetu cogí el tren que me llevó desde mi Cleveland natal hacia el infierno de MachineTown. Mi nombre es William Blake, y estoy muerto. Las cosas se pusieron jodidas cuando tuve que dispararle a aquél hombre para poder salvar el pellejo. Yo era un buen hombre, trabajador, emprendedor y sin miedo, me creía listo y la vida me enseñó lo mejor justo antes de que me mataran. Pusieron precio a mi cabeza y en la huida encontré el verdadero sentido de todo. Huyendo por la montaña, entre árboles, donde habitan los lobos, salió a mi paso un indio grande llamado Nadie. Nadie me dijo:"William Blake, estás muerto". Y tenía razón, quizás por dentro hacía tiempo que había muerto. Me dijo que era un hombre blanco asesino, que por eso mi alma ya había dejado de existir y comprendí que lo único importante en la vida es ser honesto y consecuente. Desde que maté, yo ya estaba muerto.
Mi caballo se esforzó por arrastrar mi cuerpo en una huida hacia ninguna parte y Nadie pintó mi cara para preparar el último viaje. Mi herida no paraba de sangrar y cuanta menos sangre tenía en el cuerpo más clara tenía la consciencia.
En el camino nos cruzamos con Ned, un negro pistolero asesino a sueldo convertido en un atormentado cargado de moralidad, incapaz ya de matar a sangre fría. En su último trabajo no pudo matar a un cabrón que le rajó la cara a una puta, aún consciente de que cualquier maltratador se merece eso y mucho más. Él llevaba mucho tiempo muerto por dentro, mucho más que yo.
Al fondo del valle, agachado junto al río, Bill se dejaba los ojos entre las partículas que componen la grava, esperando ver rebotar el sol en alguno de aquellos gránulos. De ascendencia asiática, tenía un gran dominio sobre el cuerpo y la mente, pero el corazón lo tenía destrozado por haber intentado matar a la mujer que amaba.
Durante aquella noche alrededor del fuego grandezas y miserias quedaron al descubierto. Nadie era el único que podía hablar con la naturaleza, el único que respetaba la vida de todas las cosas, hasta de las piedras. Hablaba con ellas, con el fuego y con las montañas, mientras el blanco, el negro y el asiático nos hundíamos cada vez más en nuestra propia escoria. Egoistas, ambiciosos, tiranos, cada uno en su papel deambulábamos despojados de nuestra humanidad.
Nadie nos dijo: "Estais todos muertos, habeis caído en las sombras".
Después de aquella noche, Nadie preparó una canoa que sería mi tumba. Me empujó hacia la corriente del río. Y al fin allí fui un hombre muerto.

Ver: Dead Man (Jim Jarmusch, 1995); Sin Perdón (Clint Eastwood, 1992); Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003)

Escuchar: Seven Nation Army (The White Stripes); Guitar Solo nº 1 (Neil Young); Time for you to leave, William Blake...(BSO Dead Man).




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