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sábado, 25 de agosto de 2012

And Justice For All...?




La policía sabe que es inocente, pero sigue entre rejas.


A la justicia no le tiembla la mano al condenar, pero le cuesta enmendar sus errores. El lunes, tras dos años y medio de reclusión, suspendió la ejecución de la pena de Jorge Ortiz, erróneamente identificado como atracador en una rueda de reconocimiento, mientras se resuelve su petición de indulto. Sin embargo, la justicia no ha reaccionado ante el caso Ricardi. Y eso que desde hace más de dos meses, la policía defiende que Rafael, que lleva 13 años en prisión por violación, es inocente.

Rafael Ricardi era toxicómano cuando fue detenido; no muy alto, vivía debajo de un árbol y ... bizqueaba. Esta característica le llevó a la cárcel. Porque un violador múltiple de Cádiz también tenía, según las víctimas, "un defecto muy peculiar" en la vista, "un ojo a la virulé". Una de ellas identificó a Ricardi como su agresor y fue condenado a 36 años de cárcel.

Lleva encerrado desde 1995. Desde 2000, la policía sospecha que es inocente. Y desde hace un par de meses, los investigadores están convencidos de que no es culpable. A pesar de ello, la fiscalía no ha pedido la revisión del caso. Siguen practicando pruebas. Mientras, su abogada, Antonia Alba, de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, ha presentado ya el recurso de revisión ante el Supremo. Y una de las hermanas de Ricardi, Milagros, pide que "se arregle esta injusticia conocida por todos".

El 12 de agosto de 1995 dos hombres violaron a una chica de madrugada en El Puerto de Santa María (Cádiz). La interceptaron mientras llegaba en moto a su casa. Uno de ellos era gordo y barrigón, con la cara suave y problemas de erección. El otro era más alto y delgado. La amenazaron con cuchillos y machetes. Ambos llevaban la cabeza cubierta con pasamontañas e iban vestidos con chándal oscuro y zapatillas. El bajito llamó al otro "Juan" en un momento. El tal "Juan" enfureció. Le dijo que no volviera a mentarle con tal nombre. Ante la policía, la víctima dijo que no podría reconocerlos porque iban encapuchados. Recordó que al "gordo" le había rasgado el pasamontañas pero dijo que se había tapado la cabeza con su casco de moto. Después, sin embargo, afirmó que podía identificarlo, que la capucha había estado rota todo el tiempo y que lo había visto muy bien.

¿Cómo apareció Ricardi en escena? Tenía antecedentes por delitos relacionados con la droga, y su foto estaba en los álbumes policiales. A la víctima le enseñaron seis fotografías. Sólo aparecía alguien con un defecto en la vista -lo que más recordaba la víctima-: Rafael Ricardi, que es estrábico. La mujer lo identificó, y también su voz. Después, volvió a hacerlo en una rueda de reconocimiento. Una vez más, era el único bizco.

Quedaban restos biológicos que analizar. El Instituto Nacional de Toxicología determinó que no podía "excluirse la presencia, en cada uno de los marcadores estudiados, de todos los alelos correspondientes al presunto agresor". Es decir, que no se sabía a ciencia cierta si los restos eran o no de Ricardi.

La Audiencia Provincial de Cádiz lo condena en octubre de 1996. Fundamentalmente, por el reconocimiento físico y de voz de la víctima. Pero los magistrados añaden que estas pruebas se refuerzan "por el informe biológico de ADN" en el que se concluye que "se han encontrado todos los alelos correspondientes al semen del acusado". Esta cita no existe en el informe toxicológico. El Supremo confirma la sentencia en 1997 insistiendo, a pesar de que no lo decía el informe, en que "las pruebas de semen recogidas en la ropa de la víctima se corresponden con las del acusado".

No era la primera violación perpetrada en Cádiz por dos sujetos de las mismas características. La primera había sido el 13 de julio de 1995, también en El Puerto de Santa María. Con Ricardi ya en prisión, siguieron produciéndose: hubo siete más entre enero de 1997 y junio de 1999. Las descripciones: un tipo bajito con "algo raro" en la vista y problemas de erección y otro alto y violento. Los dos con pasamontañas, cuchillos y machetes. La policía comienza a pensar que quizá Ricardi era inocente.

En 2000 el Instituto Nacional de Toxicología vuelve a revisar los restos: definitivamente, no eran de Ricardi. Se identifica un perfil genético al que llaman X, que aparece en la violación por la que fue condenado Ricardi y en otras tres más. La policía lo comunica a la Audiencia. Pero, como la prueba principal contra Ricardi había sido el reconocimiento de la víctima, la fiscalía no pide la revisión del caso.

Pasan siete años. En junio de 2007 un hombre llamado Fernando Plaza es detenido. Es el perfil genético X, como se determina meses después. Es bajito, gordo y tiene un ojo más grande que otro y la mirada hundida. Esto pudo ser lo que la víctima recordaba como "un defecto en la vista". Está probado por ADN que es culpable de la violación por la que fue condenado Ricardi. ¿Pudo este último ser el segundo atacante? Es más que improbable. La víctima identificó a Ricardi como el gordo bizco y bajo. El "otro" era más alto y se llamaba "Juan". Si Plaza y Ricardi fueran culpables, las descripciones de la víctima -única prueba de la culpabilidad hallada por el tribunal- no tendrían ni pies ni cabeza. Fernando Plaza no tiene la suficiente estatura como para ser el "alto" y ésta sería la única opción válida para sostener la culpabilidad de Ricardi.

El tal "Juan" ha sido encontrado. Estaba en la cárcel por agredir sexualmente a una hija. Compañero habitual de fechorías de Fernando Plaza, Juan Baños es alto, moreno y con bigote -lo que recordaron algunas víctimas-. Y su ADN coincide con una de las violaciones. En muchas no quedaron restos que analizar.

Ahora la justicia ha reabierto el caso por cinco violaciones, incluyendo aquélla por la que fue condenado Ricardi. La fiscal jefe de Cádiz, Ángeles Ayuso, está esperando los resultados de pruebas complicadas pedidas al Instituto Nacional de Toxicología para tomar una decisión. Insiste en que la víctima sigue señalando a Ricardi como uno de sus agresores y afirma que el violador era estrábico.
Los expertos en la llamada "psicología del testimonio" señalan, sin embargo, que a lo largo de los procedimientos de identificación, a veces las víctimas ponen la cara del sospechoso que ven en los álbumes fotográficos al recuerdo borroso que tienen del agresor. En este caso, la víctima vio sólo una foto de alguien con "un defecto en la vista": Ricardi. Es posible que, a partir de ese momento, haya identificado "con total seguridad" a quien previamente había visto en la foto. Los psicólogos sostienen que la angustia y el estrés hacen muy difícil que las víctimas registren con exactitud los detalles del delito. La Asociación Americana de Psicología Legal afirma que las identificaciones erróneas son la causa del 80% de las condenas a inocentes.

Ricardi declaró el pasado día 23 en el juzgado de El Puerto de Santa María que ha reabierto el caso por las cinco violaciones. Su hermana Milagros se reunió con él después de ocho años sin verle, al igual que la hija del preso, que era una niña la última vez que lo vio. "Sólo pido que se agilicen los trámites y se haga justicia", pide Milagros. "Lleva demasiado tiempo en prisión".





Alguien tiene algo que opinar al respecto?
Silencio en el graderío...?

No sé ni para que me molesto...

Eso si, pidamos penas más duras, nuestra justicia es lenta y laxa... claro que si! Menores a la cárcel, cadena perpetua, chavales deficientes juzgados como si no lo fueran, pena capital...

Yeeeehaaaaaaaaaaaaaaaa!!!




Mundo Idiota, Mundo Feliz...

martes, 25 de octubre de 2011

Karma I

Aquel era un pueblo pequeño, todos se conocían. De alguna manera, lejana quizá, todos eran familia. Y ya se sabe como son los pueblos…

El pequeño de los Ll#%@&;s ceceaba. Desde muy niño. Prácticamente desde que empezó a hablar. No era muy evidente porque el chaval era tímido. Pero ceceaba. Y en el colegio… bueno, ya se sabe como son los pueblos ¿no?

En aquel pueblo, pequeño como ya he dicho, la escuela era adecuada a sus necesidades. Apenas había dos “clases”, en la primera se juntaban los más pequeños y en la segunda los mayores, algunos rozando incluso la adolescencia.

Desde el principio el pequeño de los Ll#%@&;s lo pasó mal. Pero cuando los grupitos y pandillas quedaron definitivamente configurados comenzó su infierno.
Es difícil para un adulto “normal” poder entender, llegar a comprender, el acoso infantil. Para un niño la escuela existe como una extensión de su casa. Es su “otro” mundo, llegando a ser tan importante, o con el tiempo más aún, que su propio hogar.

En ese contexto, la persecución escolar se torna terrible.
Y terrible fue la infancia del chaval.

Las horas de recreo las pasó, durante un tiempo, escondido de la “marabunta”, pero a medida que pasaron los años desarrolló toda una serie de técnicas para esquivar las agresiones.
Se convirtió, de esta manera, en un experto en intuirlas. Un herbívoro herido en la sabana aprendiendo a comer el bocadillo apresuradamente y sin dejar de observar con miedo su alrededor.

Los odió, durante años.
Antes de tener las herramientas necesarias para poder ignorarlos.

Y después, cuando la persecución hacía imposible la huida.

Aprendió a odiarlos con cada centímetro de su ser, con cada pelo de su cuerpo, con cada una de sus neuronas.
Aprendió a recrearse en ese sentimiento, a saborear la bilis de la impotencia, a disfrutar con la rabia y la injusticia.

Aprendió a distinguirlos.

En una manada no hay nada homogéneo y ésta no era una excepción.
Había un líder, una fiel camarilla junto a él y después muchos adeptos.

Aprendió a distinguirlos, si, y aprendió también a esperar una u otra reacción o insulto a según qué cosas hiciera.

Uno debería saber que tener un “defecto” físico en la escuela lo convierte en objeto de chanzas y burlas crueles. Todos sabemos cómo son los niños ¿no? Y más en un pueblo pequeño...
Sin embargo hubo alguien que se distinguió. F$#&;%, el hijo del boticario, tenía una mente ágil. Y una lengua aún más ágil si cabe. Fue el autor del apodo con el que lo machacaban. Y también fue el más insistente (y cruel) con él.

En los colegios siempre hay alguien que recibe las burlas de (casi) todos. Pero la situación con el pequeño de los Ll#%@&;s se llevaba la palma.
Era otra época, la gente no estaba tan sensibilizada con el acoso escolar como hoy día.
Ana Rosa no utilizaba su púlpito televisivo para iniciar campañas mediáticas contra la “lacra semanal”.

Nadie había usado aún una palabra de origen inglés para calificarla.

Pero era una situación evidente, se daba en prácticamente todo el país y aquel pequeño colegio no era una excepción.

Y así, esquivando agresiones e ignorando insultos, fue su infancia.

“Afortunadamente” él no servía para estudiar y así se lo dijo a sus padres en cuanto pudo. Quería huir de cualquier cosa que le recordara a un centro de estudios y eso hizo su padre.
Al terminar la Egb se lo llevó para que le ayudara en las tareas del campo.
La fauna escolar se dividió, como era usual en aquella época, algunos estudiaron Fp y otros Bup.

La banda de acosadores se disgregó y, salvo algún contacto ocasional por el pueblo o en las fiestas patronales, la pesadilla fue quedando en el recuerdo.
Un recuerdo amargo e imborrable.

Uno de esos recuerdos que los estudiosos de la mente humana suele llamar “trauma”.

Aquellos chavales crecieron. El pequeño de los Ll#%@&;s vivió una vida aparentemente plácida, nunca se relacionó mucho. El ceceo y la timidez acabaron por convencerle de que iba a engrosar las listas de “solteros en el entorno rural”.
Sin embargo, al hijo del boticario la vida le sonreía. Terminó la enseñanza media, se matriculó en la Facultad de Farmacia, y, sin descuidar los estudios, como su padre le había aconsejado, también tuvo tiempo de salir, conocer chicas, divertirse...

Así, en una fiesta universitaria fue como conoció a A~€#%&s, y, podría decirse que lo suyo fue “amor a primera vista”.

Dos años después, con los estudios terminados y el porvenir asegurado, se casaban. En el pueblo. Y durante unos días no se habló de otra cosa.

La felicidad sonreía a  F$#&;%, tenía una esposa guapa que lo quería, un buen trabajo (heredado de su padre) y unas perspectivas felices de futuro.

Poco después su mujer se quedó embarazada.

Una niña preciosa, “...aunque era de esperar, el padre con tan buena planta y ella, forastera, pero bien guapa...”  fue uno de los comentarios más oídos...

La felicidad llegó con pañales y biberones y juguetes y ropa rosa de bebé. Y el joven matrimonio se volcó con su hija.

Así fue pasando el tiempo.

Ella volvió a su puesto de trabajo en un Laboratorio, él continuó ayudando en el negocio familiar.



Una tarde, al volver a casa encontró a su mujer con la niña. En un primer momento le pareció que jugaban y se dispuso a unirse a la “felicidad familiar” pero algo le hizo detenerse en seco y observar a su esposa a cierta distancia.
Una y otra vez la veía llevarse el índice al labio y hacer un gesto extraño con la cabeza. Tardó menos de un segundo en darse cuenta que parecía pedirle silencio.

“...Pero... la niña todavía no habla, debe estar a punto, pero aún es pronto...” –pensó mientras observaba la escena indeciso.
Acercó la cabeza tratando de oír pero solo alcanzó a escuchar a su mujer...

“Ca – Sa”
Y un segundo después una voz infantil y titubeante...

“Ca – Za”





Tagkiller


Leer: (Aún no habéis leído "El perque de tot plegat"??? No sé a qué esperais...)


domingo, 6 de junio de 2010

Terror en estado puro


Salió del despachito mirándose las puntas de los zapatos. Caminaba como cansado; absorto dirían sus compañeros de trabajo después.

Parecía otra persona. Todos los que entraban últimamente en esa habitación, con aquel amenazante cartel en la puerta (Recursos Humanos), salían cambiados, idos, demudados...

Salían reducidos.

El reloj en la pared continuó marcando segundos, imperturbable a la catástrofe andante que sucedía junto a él.

Los monitores de los ordenadores parecían saltar al protector de pantallas a su paso, como si le recordaran que ya no era bienvenido allí y quisieran vetarle el acceso, la mirada, a informaciones vitales.

Sorprendió a la recepcionista de la oficina observándole con tristeza, ella apartó con rapidez la mirada, parecía temer verse reflejada en el fracaso ajeno.

"...En tu fracaso..." -se corrigió.

Arrastrando los pies, caminó hasta su mesa, que parecía empequeñecerse por momentos, como su vida, y empezó a meter sus cosas en un enorme sobre acolchado.

Cartas personales, la taza de café, su pendrive, el pisapapeles souvenir de sus últimas vacaciones, fotos de sus hijos, de su mujer...
"¿Y qué le digo ahora a mi mujer...?"

Esta pregunta no hacía más que retumbar en su cerebro una y otra vez. Conocía casos cercanos, auténticas tragedias, en las que un despido había significado el principio anunciado de relaciones que nunca debieron ser formalizadas.

"Cuando la crisis entra por la puerta, el amor salta por la ventana"

Recordó una vez más aquella frase que, curioso, la primera vez que oyó, no sólo le hizo gracia, sino que tampoco le encontró ningun inconveniente además de verla completamente lógica...

Ahora tenía que explicarle a su mujer que la crisis se asomaba al umbral y había venido para quedarse.

"...Porque esa es otra... ¿quién me contrata a mi ahora con 48 años...?"

Un regusto ácido subió desde su estómago, recorrió su esófago, atravesó su garganta y le llevó hasta la boca toda la angustia que sentía en ese momento.

Salió de la oficina dando bandazos, como si no quisiera encontrar el camino para hacerlo; inseguridad y sindrome de Estocolmo mezclados en perfecta armonía, pánico y ansiedad caminando cogidos de la mano.


En la calle, el sol le deslumbró, el mundo parecía amenazador allá afuera...

Terror en estado puro


Tagkiller (será en Octubre!) (luv u L.O.L.)
http://tagkiller.livejournal.com


Ver: Los Lunes al Sol (Fernando Leon de Aranoa 2002), The Big One (Michael Moore 1997), Riff Raff (Ken Loach 1990)

Oír: Protection - Massive Attack, Parole Alate - Meg, Avanzo de Cantiere - Banda Bassotti